2.5.17

Adios, Orfilio


El domingo 30 de abril, a los 83 años, falleció Orfilio Cámpora. Era nieto de Francisco Pedro Cámpora, inmigrante genovés que llegó a la ciudad de San Nicolás de los Arroyos en el año 1885, a bordo del barco Perseo, proveniente de la localidad de Cheranesi, su pueblo natal. Desde chico Orfilio aprendió las tareas del campo, sobretodo el cultivo de la uva y la elaboración de vino. A través de la experiencia y la experimentación, logró elaborar un vino muy apreciado en la zona, producido con las uvas que su abuelo plantó a principios del siglo XX.  Hasta el día de su muerte vivió en la casa de campo construida por su abuelo, en calle San José al 850, donde jamás dejó de cultivar una gran huerta con la que abastecía de verduras a los comercios de la ciudad. Además de sus tareas en el campo, Orfilio se destacó como músico y cocinero. Tocaba con maestría el acordeón, con un repertoio compuesto mayormente de música italiana. Como cocinero se especializaba en comida genovesa, sobre todo en sus aclamados "panzoti" con los que deleitaba a sus familiares y amigos. En todo lo que hacía estaba presente su ascendencia genovesa, por eso jamás dejó de hablar el dialecto xeneise, que aprendió de su abuelo. Con su primo, Duilio Cámpora, fueron amigos inseparables y compartieron juntos cientos de actividades. Fue un gran colaborador en el proyeto para rescatar la historia de la vitivinicultura de la ciudad de San Nicolás de los Arroyos aportando datos, fotografías, anécdotas e integrando la comisión de la Asociación amigos de la vitivinicultura nicoleña. Hoy lo recordamos con un gran cariño y sus enseñanzas nos guiarán por siempre. Sobre todo a quienes cultivamos uva nos legó una variedad todavía no catalogada, que en su honor bautizamos Orfilio, y que él cultivaba como parral en el jardín de su casa, para sombra y sosiego de los pájaros. Con esa uva elaboramos un vino tinto, de color profundo y aroma penetrante, raro de lograr en estos climas húmedos; vino con el que logrará perpetuar su presencia en cada asado con amigos.

12.2.17

La ciudad recuerda a cuatro pioneros de la vitivinicultura nicoleña: asignan nombres de bodegueros a calles de barrio Ponce de León

Autor: Leandro Madeo, para diario El Norte 

Las calles peatonales 1, 2, 3 y 4 del barrio Ponce de León, en la zona sur de la ciudad, ahora serán designadas con los nombres de cuatro pioneros de la vitivinicultura nicoleña: Carlos Cámpora, José Ponte, José Lagostena y Miguel Nozzi. El proyecto fue aprobado por unanimidad en el Concejo Deliberante.




 

A instancias de un proyecto de ordenanza elevado por el Departamento Ejecutivo Municipal y con la colaboración de la Asociación Amigos de la Historia del Vino Nicoleño, el Concejo Deliberante aprobó por unanimidad el cambio de nombres para calles del barrio Ponte de León. Cuatro calles que hasta ahora se venían denominado Peatonal Uno, Dos, Tres y Cuatro, ahora llevan el nombre de inmigrantes italianos (tres de ellos genoveses, el restante napolitano) que fueron pioneros en la elaboración de vinos y el cultivo de viñedos en nuestra ciudad.
Ellos son los genoveses Carlos Cámpora, José Ponte y José Lagostena, y el napolitano Miguel Nozzi. Siguiendo los datos apuntados por el periodista Walter Alvarez en su libro «El vino nicoleño: cien años de vitivinicultura en San Nicolás», los cuatro llegaron a la ciudad de San Nicolás de los Arroyos a mediados del siglo XIX. Colonizaron la zona rural, que hasta ese momento permanecía inhóspita y, junto a otros inmigrantes, generaron una industria vitivinícola que perduró 100 años y que llegó a extenderse en 1200 hectáreas y producir más de once millones de litros de vino al año.
El cambio de nomenclatura sancionado por los concejales se dio tras un proceso que había iniciado cuando la comisión vecinal de Ponce de León solicitó al municipio la instauración de nombres a sus cuatro calles peatonales de ese barrio. Después apareció la iniciativa de homenajear a los bodegueros y llegó la colaboración de la Asociación Amigos de la Historia del Vino Nicoleño. Así se daba forma definitiva a un proyecto que buscaba sostener en la memoria colectiva los nombres de los patriarcas y pioneros de la vitivinicultura nicoleña.
Los pioneros
Carlos Cámpora nació el 23 de agosto de 1846 en Santo Stefano di Lárvego, pueblo perteneciente a la comuna de Campomorone, en Génova. Emigró a San Nicolás de los Arroyos en 1868. En 1886 fue enviado a Uruguay por sus colegas bodegueros para investigar el desarrollo de los viñedos. Trajo pies de injertos y variedades a partir de los cuales luego se desarrollaron los viñedos nicoleños. Su quinta se llamaba «San José» y estaba ubicada en avenida Savio al 800.
José Ponte nació en Campo Lígure y emigró en 1859. Tuvo la bodega más grande de la ciudad, en la que sus descendientes llegaron a producir más de dos millones y medio de litros por año. Su nieto, Héctor, introdujo desde Mendoza la variedad Refosco, que le agregaba graduación alcohólica y color a los vinos de quinta, elaborados en su mayoría con la variedad Pinot Gris.
José Lagostena nació en Galanetto. Llegó en 1865 y se afincó en la zona oeste de la ciudad, aproximadamente en Cavalli al 1100. Construyó una bodega de setecientos mil litros de capacidad.
Miguel Nozzi nació en la región de Nápoles y llegó alrededor de 1890. Su bodega estaba ubicada en avenida Savio al 1000. Su nieto, Osvaldo, elaboró vino hasta la década de 1970.
La historia de los inmigrantes italianos que se dedicaron a la elaboración de vino permaneció olvidada desde finales de la década de 1980, cuando cerró la última bodega, hasta el año 2005 cuando se creó la Asociación del Vino Nicoleño y se editó el libro «Cien años de vitivinicultura en San Nicolás», que relata la vida de los inmigrantes comenzando por sus padres, en Italia, hasta el destino de sus hijos y nietos ya afincados en San Nicolás.
La Asociación del Vino Nicoleño se creó con el fin de mantener viva esa memoria y para ello editó folletos y videos, brindó charlas, especialmente en escuelas, realizó visitas guiadas a viejas bodegas, creó un Museo del Vino e intervino en la declaración de Bien Patrimonial de la vieja Bodega Cooperativa. Sin embargo la propuesta de nombrar con los apellidos de los bodegueros a las calles de un barrio es superadora, ya que no proviene de la Asociación, sino de la Comisión Vecinal del barrio Ponce de León, lo cual indica que la historia de la vitivinicultura local comienza a ser parte de la memoria cotidiana de los nicoleños.
(Fuente de datos históricos
«Cien años de vitivinicultura en
San Nicolás», de Walter Alvarez)
 

13.11.16

Pop Oh! Wine

El grupo Movilizarte realizó este año su perfomance en torno a la obra del artista plástico nicoleño Benito Laren. Laren, está considerado por los críticos como uno de los artistas con más proyección del momento. Sus obras se exponen, no solo en Argentina, sino también en varios museos del mundo. Una de sus últimas producciones es la creación de Lareland, un mundo al cual dotó de todos los atributos de un territorio. Este mundo comenzó siendo virtual pero ahora muchos de sus productos se materializaron en monedas, billetes, banderas y demás. El mundo de Benito también tiene su vino en dos variedades, "Atorratés" y "Cabaret Sabagnñon". Este año, para la feria Moviliarte, este vino cobró vida. Debido a que en Larenlad no hay bodegas ni se cultiva la vid, nuestra bodega elaboró, con uvas cultivadas en nuestro viñedo, una partida especial para cumplir con las exigencias de las etiquetas diseñadas por el artista. La etiqueta "Atorrantés" presenta un vino elaborado con uva Torrontés.  Es un vino chispeante, dishinibido y generoso de aromas frutales. La etiqueta "Cabaret Sabagñon" presenta un blend de Cabernet Sauvignon y Merlot. Es un vino amable, donde el toque herbáceo, que la variedad Merlot expone con mucho más desparpajo en climas húmedos y suelos humíferos como el de la campiña nicoleña, aparece solo sugerido detrás de la trémula presencia de los taninos  aportados por el Cabernet Sauvignon sin sobremaduración. Quienes lo probaron no evitaron exclamar el "Oh!" que dio el nombre al movimiento Pop Oh! Art, creado por Benito Laren en las oscuras mazmorras de la fábrica Somisa a principios de los 90.



2.10.16

Primeros brotes

Las primeras vides ya tienen doce años. El vino sale cada vez mejor. Nosotros cada año aprendemos más. Y esta magia, que empezó el 1886, tuvo un breve impasse de 20 años y renació en 2004, es el fruto de una pasión que solo el vino y la amistad puede lograr.

Syrah

Walter Alvarez y Hugo Lagostena

Sauvignon Blanc

Walter Alvarez y Fernando Demarco

Merlot


10.3.16

La posta.

El objetivo de la Asociación del vino nicoleño es evitar que se olviden los cien años de vitivinicultura de San Nicolás. Para lograrlo es necesario que los jóvenes tomen la posta. Hoy dimos un nuevo paso. El estudiante de periodismo Lucas Gimenez tomó el tema y realizó el audiovisual que acá reproducimos. Gracias Lucas!

2.12.15

Efemérides de la historia de la vitivinicultura nicoleña

FEBRERO
3 febrero de 1930. Comenzó a funcionar la Bodega Cooperativa. Fue edificada en un terreno deuna hectárea y media ubicada detrás de la estación del ferrocarril en el perímetro formado por las actuales calles Carlos Gardel, Ameghino, Jujuy y Garibaldi.
15 de febrero de 1986. Se realiza la última vendimia en la bodega El Tigre, de los herederos de Antonio Gaio. La bodega estaba ubicada en calle San José y Carlos Gardel. El casco aún se conserva. Con ella finalizó la vitivinicultura en San Nicolás.
MARZO
2 de marzo de 1886. Carlos Cámpora parte a Uruguay, enviado por los quinteros y bodegueros nicoleños, para tomar contacto con la experiencia vitivinícola de ese país. De allí vuelve con nuevas variedades y técnicas de cultivo.
ABRIL
El 7 de abril de 1927, luego de soportar una hemiplejía de cien días, falleció Carlos Cámpora, el patriarca de la vitivinicultura nicoleña. Fue asistido espiritualmente por el padre Tavella, director del Colegio Don Bosco. En su agonía, Cámpora pedía la presencia de la Virgen recitando un poema en genovés: “En el último momento / en la última agonía / quiero llamar a María / llamarla y luego morir”. Su deseo se cumplió con precisión. Como todos los 7 de cada mes, la imagen de la Virgen ingresó a su quinta, y luego de verla, murió.
10 de abril de 1908, Nace Julio Monti en la quinta de ochenta hectáreas que sus padres, Carlos y Margarita Bo, tenían en Campos Salles y que su abuelo, Julio, había comprado y pagado en un años, con la venta de una cosecha de papas. Fue el enólogo que atendió la mayoría de las bodegas nicoleñas- Tenía su laboratorio en calle Olleros, actual sede de la CGT.
MAYO
30 de mayo de 1982. cerró sus puertas la Cooperativa Agropecuaria e Industrial bonaerense Limitada. La actividad por la que había sido fundada a principios de la década de 1950 ya no existía. Por medio de ella los socios adquirían artículos de consumo y bienes de capital, comercializaba la producción, distribuía créditos y tenía como objetivo a largo plazo la intención de crear fábricas para agregarle valor a las frutas y verduras de producción local. A principio de la década del 60 contaba con doscientos noventa y nueve asociados. La sede estaba en calle Brown 23/27. Su último gerente fue José Spadaro.
JUNIO
25 de junio de 1886. Santiago Montaldo recibe una carta manuscrita de Don Bosco agradeciéndole a los quinteros genoveses afincados en San Nicolás, la donación de doce mil pesospara la construcción de la basílica del Sagrado Corazón de Jesús en Roma.
JULIO
9 de julio de 1868. Carlos Cámpora, uno de los pioneros de la vitivinicultura nicoleña, deja Campomorone, su ciudad natal, rumbo a San Nicolás. Llegó el 2 de octubre del mismo año.
15 de julio de 1930. El enólogo Héctor Ponte introduce en los viñedo nicoleños la variedad Refosco, que junto con la Pinot Gris, fueron los emblemas de la vitivinicultura local. La trajo desde el colegio mendocino de enología de Rodeo del Medio, a cargo de sacerdotes salesianos.
AGOSTO
3 de Agosto de 1857. José Ponte, uno de los pioneros de la vitivinicultura nicoleña, partió rumbo a San Nicolás desde la zona rural de la ciudad italiana de Campo Lígure, conocida como Cascina Canova. 100 años después, sus descendientes, llegaron a elaborar más de 2 millones y medio de litros de vino por año. Fueron los bodegueros más grandes de la ciudad.
SEPTIEMBRE
8 de septiembre. Los quinteros y bodegueros celebran el día del agricultor. La celebración comenzaban con una procesión religiosa que partía del Colegio Don Bosco, continuaba por la Avenida Savio y por la ruta 188 llegaba a Campos Salles, para regresar por calle Nación hasta el Colegio Don Bosco. Después se realizaba un almuerzo y se elegía a la reina.
El 17 de septiembre de 1927, Pascual Subiza presentó a la Cámara de Diputados de la Nación el proyecto para la creación de una Escuela vitivinícola, frutihortícola y enológica en San Nicolás especializada en frutales y vid, con una bodega modelo para enseñar la técnica enológica y la construcción de un edificio destinado al internado de los estudiantes. El proyecto nunca se concretó.
21 de septiembre de 1902, se realizó, en el Colegio Don Bosco, la Exposición Vitivinícola de la que participaron treinta bodegueros. El presidente de la República, Julio Argentino Roca, envió un telegrama de adhesión y designó a José Levenir, representante del Ministerio de Agricultura, para integrar el jurado
23 de septiembre de 1957. Se forma la Cámara de Bodegueros, que funcionó dentro de la Federación de Comercio e Industria de San Nicolás. Su promotor fue José Faraoni, miembro de la comisión directiva de la Federación. Al año siguiente, se asociaron a la Federación Argentina de Cámaras Vitivinícolas del Interior del País. Había 1.224 hectáreas de viñedos, cultivadas por 403 quinteros, 55 bodegas y una producción de 11.722.146 de litros de vino anuales.
NOVIEMBRE
3 de noviembre de 1925. El Centro Vitivinícola Nacional, estableció en San Nicolás unaSubcomisión Regional. La decisión habla de la importancia de la producción vitivinícola nicoleña tenía a nivel nacional.
25 de noviembre de 1900. Los salesianos dejaron la costa del río, donde 25 años atrás habían instalado, en un edifico municipal, el primer colegio salesiano de América. Se trasladan al nuevo edifico, de Don Bosco y Benítez, construido por los quinteros y bodegueros genoveses, donde permanecen hasta la actualidad.
DICIEMBRE

31 de diciembre de 1983. Dejó de funcionar la sede nicoleña del Instituto Nacional de Vitivinicultura. Su último director fue Luis Arturo Sautú de la Riestra. Atilio Roberto Abadía, el empleado más antiguo, entregó las llaves del local y fue trasladado a la sede de Rosario con el cargo de supervisor. Ningún documento pudo ser conservado en la ciudad. Luego se perdió en el tiempo. Tres años después la actividad bodeguera desaparecía para siempre de la ciudad

27.6.15

Settimana ligure en Buenos Aires

Del 6 al 12 de julio se realizará la Settimana ligure en Buenos Aires cuyo lema es "Un puente cultural entre Génova y Buenos Aires".  El evento es organizado por la periodista Silvia Alizeri.

Programa de actividades


Lunes 6 
18hs  CICLO DE CINE  de la Asociación Dante Alighieri.
19hs LOS ORÍGENES GENOVESES DE BOCA JUNIORS Y RIVER PLATE, conferencia, Círculo Italiano
19.30hs  PARLÂ ZENEIZE, encuentro en genovés. Asociación Dante Alighieri

Martes 7
18hs. ACUARIO DE GENOVA, conferencia  Asociación Dante Alighieri
19hs. PARLÂ ZENEIZE, encuentro en genovés. Círculo Italiano
19hs.Inauguración Muestra fotográfica PortaCristos. Asociación  Dante Alighieri
19.30hs OMAGGIO AL FESTIVAL DI  SANREMO, concierto. Asociación Dante Alighieri

Miércoles 8
18hs   ACTO OFICIAL CON SHOW MUSICAL Usina del Arte
18hs   CINE  Asociación Dante Alighieri
19.30hs EL VINO NICOLEÑO, conferencia Asociación Dante Alighieri

Jueves 9
12.30 hs  ALMUERZO  Asociación Genovesa “Carboneros Unidos”.

Viernes 10
19hs, Pablo Banchero, Quinteto Negro La Boca, Club Atlético Boca Juniors

Sábado 11
10.30hs, Inauguración “Jardín de Margaritas”, Parque Rivadavia
Apertura Iglesias para visitantes en distintos puntos de la ciudad.
14.30hs Circuito Turístico La Boca

Domingo 12
10.30hs Procesión Av. Corrientes, altura Shopping Abasto
              Misa. Celebración Fiesta de Montallegro

Del 6 al  15 de julio
Muestra de fotografías en blanco y negro. Por Eugenia Andrealli .Asociación Dante Alighieri.

Del 6 al  20 de julio

“Liguria de película” En el marco de la Settimana Ligure a Buenos Aires Asociación Dante Alighieri

Sedes
Círculo Italiano de Buenos Aires, Libertad 1264
Asociación Dante Alighieri. Auditorio, Tucumán 1646
Usina del Arte, Agustín Caffarena 1
Asociación  Genovesa Argentina “Carboneros Unidos”,  Venezuela 2943
Club Atlético Boca Juniors, Brandsen 805
Parque Rivadavia, Av. Rivadavia 4800

Casas de comidas adhieridas
Bacaro, sede de Sampdoria  Club Buenos Aires,   Lavalle 1368, CABA  menú promocional con platos típicos de la Región Liguria
Gulie,  Thames y Cabrera, CABA. Menú promocional con platos típicos de la Región Liguria.
Guerrin  Av. Corrientes 1368, CABA

31.3.15

La comisión de patrimonio visitó el viñedo

Integrantes de la Comisión de Patrimonio junto a la Directora de cultura de la municipalidad, Mirta Chervo, visitaron el viñedo y las instalaciones de la bodega perteneciente a la familia de Hugo Lagostena. También la finca Don Humberto, perteneciente a la familia Regiuri, donde se cultivan 25 hectáreas de frutales. La visita tuvo por objetivo difundir el pasado nicoleño y proponer la creación de un circuito turístico que comprenda la historia y la actualidad de las actividades vitivinícolas y frutícula de la ciudad de tal forma de poder acceder al pasado a través de lo que queda de aquellas producciones que durante décadas fueron el motor de la economía de la ciudad.


En el interior de la bodega, Hugo Lagostena relatando la historia de su familia

Frente a la vieja casona construida a fines del siglo XIX

Degustación en la finca Don Humberto



1.3.15

Vendimia 2015

Dos de las variedades que se cultivan en nuestro viñedo de San Nicolás de los Arroyos. Syrah, que este año vinificamos en tinto y en rosado, y Torrontes. La Torrontes también esa cultivada por los viveristas Lito y Nazareno Bruschi en su finca de Villa Canto.



13.1.15

El vino nicoleño y su dispersión en el mundo.

La historia del vino nicoleño y nuestro viñedo experimental de clima húmedo se sigue difundiendo en el mundo. Ariel Rodríguez, editor de la revista de vinos Vinarquía publicó una extensa y muy bien editada crónica sobre los cien años de vitivinicultura en San Nicolás de los Arroyos.


También El trabajo vitivinícola de Hugo Omar Lagostena fue destacado en la revista Gens ligustica in orbe. La revista se edita en Génova y se distribuye en todos los Centros Lígures del Mundo. Hace 10 años Hugo retomó la tradición vitivinícola de su abuelo, que llegó a San Nicolás desde Génova a fines del siglo XIX. 




7.6.14

Hojas amarillas

En el mes de junio, bien entrado el otoño, las hojas del viñedo se ponen amarillas y luego se caen. En dos meses más, cuando el frío detenga la circulación de la savia por las ramas, comenzará la poda.


2.3.14

La fábula del viñedo y el chimango

Fuimos con Julio Méndez, Daniel Cotarelli y Fernando Demarco a lo de Roberto Chongo, en Pérez Millán, un hombre de campo ya jubilado que desde hace veinte años se da el gusto de hacer vino tal como lo hacía su abuelo y su padre. Su abuelo llevaba la cosecha a Ramallo y volvía cargado de uva que compraba en los viñedos de la zona, casi siempre en la quinta de Dusso. Ahora que ya los viñedos se terminaron en toda la costa del Paraná Roberto compra la uva en Mendoza donde va con su camión dos o tres veces al año. El vino Don Pacífico, en recuerdo de su abuelo, le sale muy bien y lo vende en su casa, donde construyó una pequeña tienda que rememora los almacenes rurales, y en las ferias, mayormente de Ramallo.

 



Pero lo sorprendente no es eso, ya que muchos en todo el país lo hacen. Lo sorprendente es su viñedo bajo invernadero, que no cura y que le da una uva sana y abundante. Para entender esto hay que saber que cultivar uva en climas secos es bastante fácil. Se puede controlar el agua que la planta recibe y la baja humedad no deja proliferar los hongos que la enferman. Lo difícil, lo heroico diría, es cultivar en clima húmedo y lluvioso y, para peor con suelo humífero súper fértil donde a la soja le sobra y el viñedo vive a sus anchas pero, sin saberlo, atrapado en una trampa mortal. Para dar buenos frutos la vid debe sufrir. Tiene que hundir muy profundo sus raíces para atrapar esas gotas de agua que se escabullen en los suelos pedregosos. Esa carrera es beneficiosa porque junto al agua se trae los elementos que componen el suelo y luego se los transmite al vino, de ahí, por caso, los vinos minerales. En climas con mucha amplitud térmica, es decir donde hace mucho frio de noche y mucho calor de día, la planta tiene que engrosar la piel de la uva para preservar la semilla (en realidad lo único que a la planta le importa), y ese engrosamiento atesora mayor cantidad de los componentes que le transmitirán características al vino: color, aroma, taninos. El follaje crece poco por lo que toda la energía que tiene va a los racimos. En definitiva la vid debe sentirse amenazada para dar buenos frutos. Todo eso lo encuentra en zonas montañosas y desérticas. Pero en climas húmedos y de suelos fértiles la vid está chocha. Encuentra  agua casi al ras del suelo, el follaje crece geométricamente y la fruta no tiene que preocuparse por defenderse. Tiene agua a montones que aumenta el volumen del grano de uva pero le bajan el azúcar.  Y, para peor, esas mismas condiciones las comparte con sus enemigos: los hongos y las malezas. Cada vez que deja de llover (más o menos doce veces por temporada) hay que curar las hojas y racimos para que los hongos no la pudran y hay que desmalezar cada quince días para eliminarle competidores. Por eso el viñatero de clima húmedo es hombre creyente, cultivar viñedo es clima húmedo es una cuestión de fe. Así y todo, hay años secos donde los vinos salen con más color, más alcohol y  más cuerpo. Por eso los viñateros de clima húmedo buscan todo el tiempo nuevos métodos para sortear las condiciones adversas. En ciertos lugares de Francia, como Champaña, donde llueven ochocientos milímetros por año, casi como acá, o en Uruguay, crearon un sistema de conducción de la vid en Lira. Es como una y griega donde los cargadores están sobre los brazos cortos de la “Y” y el viento que corre por el medio se lleva los hongos. Así lo hacen en Colón, Entre Ríos. O rociarla con giberelina, que se aplica para eliminar producción y así evitar que los racimos se apiñen y lograr que el aire circule mejor entre ellos para alijarar la plata de hongos. O el sistema de parral, como tiene Nazareno Bruschi en Villa Canto con buenos resultados. Pero jamás habíamos visto un viñedo en invernadero, bajo un cobertizo de nylon. La lógica indicaría que allá abajo la humedad se condensaría más, pero no es así. Roberto lo tiene y cultiva Tannat, Merlot, Malbec, Moscatel, Fer, con resultados sorprendentes. Este año no lo curó nunca y las plantas permanecen sanas, con poco follaje y con buena producción. Tiene un viñedo testigo al aire libre donde las uvas se estaban pudriendo. Lo googlee y no hay muchas experiencias en el mundo. Es un sistema caro, que hay que renovar cada tres años, sino se lo lleva antes un ventarrón. Quizá no sería rentable a gran escala, pero demuestra que el ingenio del hombre puede sobreponerse a cualquier condición adversa.





Después de ver la bodeguita artesanal, pero muy ingeniosa, y de charlar con Roberto sobre las maneras de elaborar el vino y de probar y comprar tinto y blanco y de recorrer la extensa plaza del diminuto pueblo, regresamos por la ruta enmarcada de sorgo y soja, pensando si podríamos aplicar el sistema en nuestro viñedo. Como una cifra de lo vivido una veloz iguana cruzó la ruta hirviente frente al Torino blanco de Cotarelli. Un kilómetro más adelante un chimango atrapó al cuis que se detuvo a mitad del camino temeroso del ave que lo sobrevolaba.



25.2.14

Presente en la memoria

La nota fue publicada en el diario Cruz del Sur que se edita en Rosario y que coordina Pablo Makovsky


Aquellos viñedos de San Nicolás


Durante un siglo San Nicolás fue una ciudad vitivinícola. Las bodegas más grandes, unas 50 en total, producían once millones de litros anuales, que distribuían en las provincias y hasta en Paraguay. La industrialización primero, la Virgen luego, borraron esta historia del recuerdo de los mismos nicoleños.
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Walter Alvarez 
Autor del libro El vino nicoleño, productor vitivinícola, periodista en San Nicolás  

Un mediodía de julio, con 90 años, Carlos Ponte bajó de la camioneta, cruzó el alambrado y, tijera en mano, se puso a ayudar a podar un viñedo. Habían pasado treinta años de la última vez que podó su propia viña en la quinta de General Rojo. De ahí volvía, del campo donde en 1959 plantó junto a sus hermanos y su padre ciento diez hectáreas de viñedo (más o menos trescientas mil plantas) que injertaron en su propio vivero del barrio Las Flores, que era el límite de la ciudad de San Nicolás, 70 kilómetros al sur de Rosario. Más allá y detrás de la vías del ferrocarril Mitre comenzaban las quintas de vides y frutales.

El viñedo en el que Ponte bajó ese frio mediodía de julio pertenece a Hugo Lagostena, nieto del inmigrante genovés Miguel Lagostena que llegó a San Nicolás en mil ochocientos sesenta y pico desplazado de su patria por la falta de oportunidades y atraído a San Nicolás por los relatos de una tierra fértil y mucho por hacer. La ciudad de San Nicolás era, por aquel entonces, un sitio muy mentando en el país porque había sido, primero, lugar de aprovisionamiento de víveres y tropa de los ejércitos de la independencia, después, la frontera norte del federalismo –donde en 1830 Rosas instaló por unos meses su gobierno–, más tarde, el lugar donde Urquiza acordó con los gobernadores que este país tendría una Constitución y, finalmente, la ciudad donde Mitre comenzó a soñar con la unificación de la República luego de vencer en la batalla de Cepeda. A esta mentada ciudad arribaron los inmigrantes españoles, franceses, turcos, vascos, italianos y, sobre todo, genoveses a llenar de verde la campiña. Tal es así que llegaron a despachar un tren carguero por día lleno de frutas al Mercado de Buenos Aires y a cultivar mil doscientas hectáreas de uvas, con la que elaboraron once millones de litros de vino por año en la época del primer peronismo.

Así, Lagostena tuvo hasta mediados de la década de 1970 una bodega de setecientos cuarenta mil litros de capacidad a la que abastecía con uvas de su propio viñedo. Y como él, decenas de bodegueros más. La mayoría italianos y muchos provenientes de una pequeña ciudad de la Liguria, cerca de Génova, que se llama Campomorone, que está en el valle del río Polcevera –que une el mar con los Apeninos. Se dice que medio Campomorone se vino para San Nicolás. De allá vinieron los apellidos Cámpora, Lagostena, Montaldo, Vigo, Lanza, Parodi, Costa y, de muy cerquita, los Ponte. Por eso durante 2013 las ciudades de San Nicolás y de Campomorone se declararon ciudades hermanas.

Carlos Ponte, decíamos, bajó a ese viñedo, que Lagostena junto a dos periodistas plantaron en el 2004 atraídos por la curiosidad de recrear el vino de quintas que se elaboró durante cien años en San Nicolás, y se encontró con Osvaldo Nozzi, de ochenta y tantos años, nieto del inmigrante napolitano Miguel Nozzi, que les explicaba a los flamantes vinicultores que la planta de vid tarda tres años en dar uvas que se puedan vinificar y que en los dos primeros años hay que dejar que la planta crezca y cortarla de abajo para que la raíz tome la fuerza suficiente que le permita vivir ochenta o cien años. 

Mientras observaba la escena, Ponte recordó aquella época de esplendor, recordó cuando su abuelo junto con su paisano Carlos Cámpora descubrieron que la Pinot Gris sería la uva emblemática de la zona (seguramente por el volumen que producía), recordó cuando su hermano Héctor trajo desde el colegio salesiano de Mendoza, donde había sido enviado por la familia a estudiar enología, la variedad Refosco (que hoy casi nadie cultiva en Argentina) y que se usaba para darle cuerpo y color al tímido Pinot; recordó cómo el vino familiar que se producía para el consumo de los quinteros a principios del siglo XX se convirtió en una industria que llegó a vender vino en todas las provincias y hasta en Paraguay, recordó la Bodega Cooperativa que formaron ciento cincuenta y siete productores en la década del 30, con tecnología de punta francesa para elaborar vino y darle valor al cultivo de la uva; recordó su bodega familiar donde elaboraban dos millones y medio de litros vino al año, recordó la persecución del Instituto de Vitivinicultura dominado por los mendocinos que no querían que se hiciera vino en ningún otro lado y recordó la Cámara de Bodegueros que ellos formaron para defenderse de esos ataques, recordó la escuela de enología que estuvo a punto de instalarse en San Nicolás y que el Golpe del 30 evaporó, recordó a los sacerdotes salesianos a quienes los quinteros les construyeron un colegio y una iglesia cuando la masonería los desplazo del edificio municipal donde habían llegado desde Turín a instalar la primera misión fuera de Italia y, casi al final de la hilera, cuando los años comenzaban a pesarle, recordó también el desalojo de los viñedos por parte de la industria pesada: hoy podríamos decir que ese cambio de la matriz productiva modificó otra vez la ciudad cuando el Desarrollismo estaba de moda.

Fue una historia de cien años. Con un inicio mítico en 1868, cuando Carlos Cámpora fue enviado a Montevideo por los incipientes bodegueros nicoleños e impulsados por los salesianos a investigar cómo se las arreglaban los uruguayos para producir vino en un clima húmedo y lluvioso como el nuestro, y con un claro final en 1986, cuando la bodega de Antonio Gaio cortó los últimos racimos de uva y elaboró los últimos litros de vino.

Llegaron a ser cincuenta bodegas grandes, de entre medio millón a dos millones y medio de litros de vino de capacidad y cuatrocientos tres productores de uva. Pero en la década del 50 el peronismo decidió que el proyecto industrializador se instalaría a la vera del arroyo Ramallo. En esa década y la del 60 se construyeron y comenzaron a funcionar la acería Somisa, la Central Térmica y todas sus industrias satélites. Como antes los inmigrantes europeos, esta vez los provincianos emigraron a San Nicolás en busca de bienestar. Llegaron con sus costumbres, su bochinche, sus colores, sus festejos. Consumieron mucho vino nicoleño, tanto que lo agotaron. Sus casas se instalaron donde antes estaban las quintas y no solo agotaron el vino sino también su memoria. Es que ellos venían a fundar una nueva era.

A algún martillero se le ocurrió ponerle el nombre del dueño de la quinta al loteo, más por nemotecnia que por memoria y así nacieron los barrios Garetto, Lanza, Colombo, las Viñas, los Viñedos. Pero durante 20 años a nadie se le ocurrió preguntarse qué había sido aquello. Los nietos de los inmigrantes se reservaron con timidez en sus recuerdos, quizá resentidos por el desalojo generacional. Fueron, durante años, solo una capa geológica más de la historia nicoleña, sepultada bajo las tantas fundaciones que tuvo. Después del vino llegó Somisa, después de Somisa llegó el fenómeno de la Virgen del Rosario de San Nicolás. Hoy visitan la ciudad dos millones de personas atraídas por el misterio de la Fe. Curiosamente comulgan con la sangre de Cristo, que fue durante cien años el sustento económico de esta ciudad de frontera.

2.2.14

La reina de Japón se luce en Villa Canto


Como todos los años fuimos a cumplir con el ritual de admirar las uvas que Nazareno Bruschi cultiva en su vivero de Villa Canto, cerca de San Nicolás. Este año fuimos con el amigo Julio Méndez, una perceptivo conocedor  de vinos, y con Francisco. Julio me pasó a buscar y me regaló el libro Más allá del Malbec, de Quintín y Andrés Roseberg, que estoy leyendo bajo la tutela del la recomendación de Borges: Hasta el peor libro contiene una frase memorable. El viaje fue una linda experiencia para Francisco, ya que le fascinan los Fiat y a este, encima, se le abría el techo.  El pedacito de cielo que entraba al auto era un vórtice al pasado al que estábamos por ingresar. Ir al vivero de Nazareno es siempre un viaje al pasado. No solo porque ese lugar es un reflejo de lo que fue el San Nicolás de las quintas, sino porque él hace las cosas a la antigua, es decir, duraderas.
Luego de entrar al vivero por ese camino largo bordeado por cientos de durazneros, dejamos el auto a la sombra y, como siempre, visitamos primero su pequeño orgullo, un largo parral desbordante de Moscatel, Torrontés, Moscatel de Alejandría, Malbec, Bonarda y Cereza, que este año, muy seco al principio y con algunas heladas tempranas que perjudicaron flores y corrieron los racimos, y mucha lluvia ahora, cuando las uvas están llegando al final de la maduración y no necesitan agua, no estaba en su plenitud. Sin embargo, si alguien puede cultivar con éxito uvas en clima húmedo, ese es Nazareno, quien jamás leyó un libro sobre el tema pero todo lo sabe por la experiencia de más de cincuenta años de hacer plantas. Sobre todo frutales. Los que diseminó por todo el país. Cuantas veces los nicoleños habremos tomado un vino riojano con uvas de vides de su vivero.
Nazareno Bruschi y Julio Méndez


Cereza

Torrontés

Después caminamos a lo largo de las espalderas donde nos encontramos con una gran sorpresa, dos variedades japonesas, Kyoho y Fujiminori, que Nazareno injertó hace años cuando unos japoneses propietarios de un viñedo buscaban un viverista que les garantizara sanidad para injertar sarmientos que habían traído de Japón.  Son uvas de mesa, de granos grandes y sabor muy parecido a la uva chinche.  Julio se acordó de un artículo que hablaba de otra variedad japonesa, la Koshu, con la que los japoneses elaboraran un vino blanco hace más de 100 años y que ahora presentarán al mundo en la feria ProWein, que se realizará en Düsseldorf (Alemania) del 23 al 25 de marzo.
Kyoho

La variedad Kyoho se cultiva también en California y según esta descripción http://www.specialtyproduce.com/produce.php?item=2046 las uvas son grandes, de color púrpura oscuro, a veces casi negro azabache, de piel gruesa, y muy aromáticas. Contiene un alto contenido de azúcar y acidez moderada. El racimo parece un montón de pequeñas ciruelas. Es una uva de mesa y su nombre significa “gran montaña". En Japón se la conoce como "La reina de las uvas". Se ganó ese galardón porque con ella se elaboran conservas, mermeladas, postres, aderezos, jugo, saborizante para helados y algunos hasta la vinifican. Crece en las colinas de las montañas de Minoh. Un postre favorito en Japón es sencillamente un pote de uvas Kyoho peladas y refrescadas.
También idearon una guarnición para ser elaborada especialmente con esta variedad, sobre todo porque su piel muy dura soporta la cocción. La receta está acá. http://www.specialtyproduce.com/produce.php?item=2046#sthash.c8HrMhmO.dpuf
La resumo así:
Precalentar el horno a 200 grados. Poner las uvas en una bandeja. Rociarlas con aceite de oliva, espolvorearlas con sal kosher y ramas de tomillo  y mezclar con las manos. Colocar la bandeja en el horno hasta que las uvas empiecen a estallar, aproximadamente 8 minutos. Las uvas deben deformarse lo menos posible. Tostar pan untado con aceite de oliva. Extender ricota fresca sobre el pan y sobre esto las uvas asadas. Desechar las ramas de tomillo.
Francisco midiendo con el refractómetro de Carlos Ponte


Caía la tarde. Habíamos cumplido el ritual. Nos fuimos por el mismo camino por el que llegamos. Pero  esta vez mirando un poco más allá, como pensando en algo inalcanzable, como el horizonte que inexorablemente se escapa. 

29.1.14

Momento decisivo en el viñedo

El lunes y el martes llovió todo el día. Recién esta tarde pude ir a ver las vides. El agua no les había afectado. En las Sauvignon Blanc hice una pequeña poda en verde, solo de nietos y algunas hojas interiores para que corra mejor el aire entre los racimos. Debimos curar el sábado. Este año hubo muchas curas. El refractómetro que me regaló Carlos Ponte marcó 10 de boumé para las Sauvignon Blanc y para las Merlot de las hileras viejas y 9 para las Merlot y las Syrah nuevas. Calculo que faltan dos semanas para la vendimia. 
Al regreso del viñedo el camino estaba atestado de aguaciles que, en un piquete meteorológico, anunciaban la lluvia que el pronóstico preveé para mañana. Hay que estar atentos. En este momento el agua es nuestra oponente. 
Sauvignon Blanc


Syrah

Viñedo viejo. 
Viñedo nuevo

29.12.13

Inauguran la plaza donada por un inmigrante genovés.

Hace más de 100 años el inmigrante genovés Carlos Antonio Vigo donó al Colegio Don Bosco de la ciudad de San Nicolás de los Arroyos un terreno para que se hiciera una plaza. El lugar fue utilizado como campo de deportes de los colegios Don Bosco y María Auxiliadora, y como alojamiento de los parques y circos ambulantes que llegaban a la ciudad, pero nunca como plaza pública. Este año el gobierno municipal, concretó el deseo de Vigo e inauguró la plaza que lleva el nombre de María Auxiliadora.
Carlos Antonio Vigo nació en Santo Stefano de Lárvego, una fracción perteneciente a la comuna de Campomorone. Llegó a San Nicolás de los Arroyos aproximadamente en 1861.
Las familias Montaldo, Vigo y Lanza pertenecen a la generación de los primeros inmigrantes genoveses que entre los años 1857 y 1871 iniciaron en San Nicolás el cultivo de verduras, frutales y la vid para la elaboración del vino.